16 julio 2010

Frases y escenas antiguas

Estas son las que tenemos en el foro:

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2 comentarios:

  1. Aunque no he leido esa novela; me gusta esas frasas !! muy bellas!!:x

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  2. te pongo varias que me gustaron de "Una propuesta escandalosa" de Johanna Linsey, si es que te gustan:

    ... —¡Válgame Dios, Maggie, comenzaba a creer que no regresarías jamás!
    Margaret se ruborizó y desmontó; Daniel nunca la llamaba Maggie.
    Daniel Courtly era un hombre apuesto: rubio, de ojos azules, alto y robusto. En realidad era bastante guapo, más de lo que Margaret recordaba. Tal vez era el bigote que se había dejado y que le daba un aire gallardo y disoluto.
    —Me alegro de verte, Daniel —le dijo con una sonrisa—. ¿Cómo supiste que estaba en casa?
    —Me enteré cuando pasé esta mañana. He cogido el hábito de dejarme caer varias veces por semana para ver si habías regresado. ¡No pensaba que fueras a marcharte tanto tiempo!
    —Yo tampoco...
    No pudo terminar, porque de pronto estuvo a punto de salirle el corazón por la boca por culpa de su inesperado e indecoroso abrazo. Y algo brusco también. Primero las embestidas de la yegua y ahora aquel achuchón. ¡Vaya mañanita!
    Y entonces oyó la puerta de la casa que se abría y la más siniestra de las voces que decía:
    —Espero que tenga un motivo inocente para estar abrazando a mi esposa.
    Daniel la soltó al instante. Margaret no logró recuperar el aliento, porque volvió a perderlo al ver a Sebastian de pie en el umbral, con un aspecto tan funesto como su voz. Recordó el miedo que le había dado la primera vez que lo vio; en esta ocasión era mucho peor. Sus ojos dorados desprendían un brillo criminal y, de hecho, su tono de voz había sugerido que estaba a punto de cometerse un asesinato a menos que se presentara un motivo inocente para aquel abrazo (...)
    —¿Necesitas ayuda? —dijo Sebastian, rompiendo aquel doloroso silencio mientras se acercaba a ellos—. ¿Es un amigo de la infancia? ¿Un viejo amigo de la familia? ¿Un familiar al que no conozco?
    Daniel salió de pronto del hechizo y respondió precipitadamente:
    —Margaret y yo somos viejos amigos... Bueno, no tan viejos, sólo desde hace unos años. Sólo le estaba dando la bienvenida.
    _ —De forma inocente..., supongo —concedió Sebastian al tiempo que se cruzaba de brazos—. Sin embargo —añadió—, y como medida de precaución, en adelante tenga las manos quietecitas, en los bolsillos. No es nada personal, amigo, es sólo que, para mi desolación, acabo de descubrir que soy un marido muy celoso.

    ..............................................................

    (...) —Es fácil ser valiente cuando no tienes nada por qué vivir. Ahora que lo tengo, voy a actuar como un verdadero cobarde.
    —Seguro que sí-se rió ella—. Pero has perdonado a Giles ¿verdad? Es el padre de mi sobrino y espero verlo, a menudo.
    —Lo toleraré —dijo él con un suspiro—, pero sólo porque le ha puesto mi nombre a su hijo.
    —¿En serio? ¿Y cómo le pondremos al nuestro?
    —¿Estás...?
    —No, pero quiero estarlo.
    —¡Santo Dios, Maggie! —exclamó él al tiempo que la levantaba en brazos por sorpresa—. No deberías decir esas cosas antes de cenar, especialmente si quieres comer.

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